El mejor regalo de la noche de Navidad.

Esta publicación va destinada a todas las familias que estando descosidas, sin estar rotas, han dejado de sentir la Navidad como propia. Este fue mi regalo de las pasadas navidades… Desde este regalo, todo ha cambiado, nada ha vuelto a ser lo mismo.

Lamentablemente el 80 % de las familias se encuentran en esta situación…

 

Mi regalo de Navidad

No hubo más regalos; solo unos sobres, bajo el árbol de navidad, con idéntico contenido para cada unos de los miembros adultos de la familia. Los niños, tuvieron la primera de las navidades más “entrañables” que han tenido hasta el momento.

SOBRE PARA MAMÁ                            SOBRE PARA PAPÁ
SOBRE PARA HERMANOS/AS             SOBRE PARA CUÑADOS/AS

Mamá, papá, hermanos y cuñados. Estamos aquí, como cada año; desde hace más de 40 años… Quiero desearos feliz navidad a todos.

Este es el regalo de navidad más importante que he dado nunca a nadie; es el mismo regalo para todos los miembros de la familia. Su valor económico es nulo, pero no creo que eso sea importante.

Recuerdo cuando era niño, que varios días antes de nochevieja no podía dormir de los nervios pensando en los regalos que me traería Papá Noel.

Han pasado más de 30 años desde entonces, y he perdido el “espíritu de la navidad”. En realidad, creo que todos (salvo nuestros hijos) lo hemos perdido.

La vida da muchas vueltas, y quizás (ojalá me equivoque) estas sean las últimas navidades en las que estemos todos. Por si acaso quiero deciros unas palabras que siento de corazón y que debería haber dicho hace mucho tiempo.

Me ha costado mucho reunir el coraje y la humildad para decir lo que os voy a decir ahora; el orgullo, la rabia y el rencor… no aportan nada en nuestras vidas.

Este año solo quiero que me hagáis un regalo. Más que un regalo, tengo 1 deseo. Deseo que estas navidades sean al mismo tiempo las últimas y las primeras.

Deseo que sean las últimas navidades en las que nos sintamos con escasas ganas de venir a cenar con la familia, sin ilusión y sin motivación, y a partir de ahora, sea la noche más maravillosa y esperada del año. Quiero que sintáis la ilusión ajena como propia, quiero sentir vuestra ilusión como si fuera la mía. No quiero comprarme yo vuestros regalos, y que me preguntéis “que te debo”. No quiero que os compréis los vuestros y que me los cobréis.

Deseo que me perdonéis por todas las cosas que os haya podido decir y os hayan sentado mal; no era mi intención haceros daño.

Yo, hace ya bastante tiempo, decidí vaciar definitivamente la papelera donde tenía guardados el odio y el rencor, y perdonaros.

Deseo que podamos hablar de todo, de nuestras alegrías, nuestras penas y nuestras preocupaciones. Que podamos decir sinceramente lo que pensamos, sin temor a ofendernos; al fin y al cabo somos familia y somos las personas que mejor nos conocemos entre nosotros, ya que estaremos juntos toda la vida, desde el momento en que nacemos hasta el momento en el que muramos.

Podemos permitirnos el lujo de decirnos lo que pensamos, porque nos queremos y una persona que te quiere siempre te dirá sinceramente lo que piensa; sin malicia ni malas intenciones.

Olvidemos los malos momentos, las malas palabras, las envidias, los enfados y el rencor.

Partamos de cero.

Mi mayor deseo es ilusionarme, sentir, llorar, reír, con vuestro día a día, y hacer mías vuestras vidas y que hagáis vuestra la mía. Deseo que volvamos a ser una familia.

Quiero comprar vuestros regalos, sin necesidad de preguntaros QUE QUIERES QUE TE REGALE, porque lo sé perfectamente sin preguntarlo.

Quiero que sea la primera, la primera de muchas cenas en las que todos tengamos ganas de vernos, de poder hablar de todo, de compartir nuestras alegrías, nuestras penas, nuestras preocupaciones de reírnos a carcajadas, de recordar los felices tiempos pasados de nuestra juventud e infancia, de brindar por nuestras alegrías y llorar conjuntamente por nuestras penas.

Quiero estar nervioso la noche antes pensando en los regalos que me vais a hacer; no quiero regalos caros, quiero regalos de amor y cariño.

Quiero que den las tres de la madrugada sin darme cuenta que el tiempo ha pasado volando, quiero despedirme con pena de irme, y con la ilusión que el año que viene será todavía mejor.

Os quiero.

Tras leer las cartas, sobraron las palabras, lágrimas, abrazos, y fue la primera navidad verdadera desde hacía muuucho tiempo.

Tengamos coraje, fuerza y humildad; podemos CAMBIAR NUESTRO MUNDO, el primer paso para CAMBIAR EL MUNDO.

 

Gracias por leernos

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